El pasado 16 de abril, los Ministerios de Cultura y Trabajo y Economía Social reunieron en Madrid a entidades culturales de toda España bajo un título que condensa una vieja deuda institucional: “Conectando cultura y economía social: bases para una agenda común”. El encuentro, presidido por el ministro Ernest Urtasun y la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, marcó el punto de partida de la Agenda de Economía Social en la Cultura, una iniciativa enmarcada en el Plan de Derechos Culturales que pretende fortalecer cooperativas, sociedades laborales y otras fórmulas de la economía social que sostienen, muchas veces en silencio, buena parte del ecosistema cultural del país.
Wazo Coop, cooperativa cultural sin ánimo de lucro con sede en Valdefuentes (Cáceres), formó parte de las entidades invitadas a esta mesa de diálogo. Nuestra presidenta, Marta Lozano Molano, intervino en representación del cooperativismo cultural rural con una idea que resume una década de trabajo en el medio rural extremeño:
“Deseamos hacer cultura gracias a ser cooperativa, no a pesar de serlo.”
La frase, lejos de ser una declaración retórica, condensa un diagnóstico estructural. Durante años, las cooperativas culturales han operado en un terreno paradójico: producen cultura, generan empleo digno, dinamizan territorios despoblados y democratizan el acceso a los bienes culturales, pero al mismo tiempo encuentran barreras administrativas y fiscales que las penalizan precisamente por su forma jurídica.
Una agenda que llega tarde, pero llega
El reconocimiento institucional que supone esta agenda no es menor. Por primera vez, dos ministerios articulan un espacio común para abordar las necesidades específicas del sector cultural cooperativo. El ministro Urtasun lo expresó con claridad durante el encuentro al afirmar que la economía social “ya está haciendo cultura, ya está generando innovación, ya está produciendo comunidad, ya está creando valor cultural y social en todo el territorio”. La vicepresidenta Díaz, por su parte, subrayó que garantizar derechos culturales también pasa por “asegurar condiciones dignas para quienes crean, producen, gestionan y hacen posible la cultura”.
El reto, sin embargo, no está en el reconocimiento simbólico, sino en la traducción de este diálogo en medidas legislativas y administrativas concretas. Y aquí es donde Wazo Coop, junto al resto de entidades participantes, llevó propuestas que apuntan al núcleo del problema.
Tres propuestas para equilibrar el terreno de juego
La intervención de Marta Lozano Molano se articuló en torno a tres reivindicaciones que el sector cooperativo cultural lleva años planteando y que ahora encuentran, por fin, un canal institucional para ser escuchadas.
Primera: actualizar las convocatorias del Ministerio de Cultura para que no excluyan a las cooperativas. Buena parte de las líneas de ayuda públicas siguen redactadas con criterios que dejan fuera de manera explícita o implícita a las cooperativas, especialmente a aquellas sin ánimo de lucro. Esta exclusión, lejos de ser un detalle técnico, supone que las entidades cooperativas compiten con desventaja estructural frente a otras formas jurídicas, a pesar de cumplir idéntica o superior función cultural y social.
Segunda: incluir a las cooperativas sin ánimo de lucro en la Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo. Esta ley, que reconoce ventajas fiscales clave a fundaciones y asociaciones, deja fuera a las cooperativas sin ánimo de lucro pese a operar bajo idéntica lógica no lucrativa. Su inclusión permitiría acceder a esquemas de mecenazgo, deducciones fiscales para personas donantes y un marco más justo para captar recursos privados destinados a la actividad cultural.
Tercera: crear la figura jurídica específica de las cooperativas culturales. Una categoría reconocida que equipare a estas entidades con el resto de actores del sector, identifique sus particularidades, y dote al cooperativismo cultural de un marco propio para su desarrollo. Existen ya precedentes en otros sectores —como las cooperativas de iniciativa social o las cooperativas de impulso empresarial— que demuestran la viabilidad de esta vía.

Por qué importa esta agenda para el medio rural
Desde Wazo Coop venimos defendiendo que el cooperativismo cultural no es un experimento minoritario, sino un modelo probado de desarrollo territorial. Las cooperativas culturales fijan población, crean empleo cualificado en zonas despobladas, conectan generaciones, articulan redes europeas desde pueblos de menos de 1.500 habitantes, y producen cultura desde una lógica democrática y participativa que rara vez encuentra cabida en los modelos empresariales convencionales.
En el contexto de la España rural, donde el acceso a la cultura sigue siendo profundamente desigual y donde el tejido cultural depende muchas veces de la capacidad y resistencia de pequeñas entidades, las cooperativas culturales actúan como infraestructura cultural de proximidad. Sostienen festivales, programas formativos, medios de comunicación comunitarios, espacios escénicos, proyectos audiovisuales y procesos de innovación cultural que, sin esta forma de organización, simplemente no existirían.
La Agenda de Economía Social en la Cultura llega, por tanto, en un momento decisivo. La cuestión ya no es si las cooperativas culturales aportan valor —el sector ha demostrado sobradamente que lo hacen—, sino si las administraciones públicas están dispuestas a reconocer ese valor con un marco legal, fiscal y administrativo a la altura.
El camino por delante
El encuentro del 16 de abril abre un proceso, no lo cierra. Ambos Ministerios han manifestado su voluntad de construir esta agenda con el sector y desde la experiencia real, una declaración que el cooperativismo cultural acoge con esperanza prudente. La experiencia enseña que entre la voluntad política expresada en una jornada y su materialización legislativa media a menudo un trecho largo, complejo y sometido a presiones diversas.
Desde Wazo Coop seguiremos participando activamente en los espacios que esta agenda abra, llevando la voz de las cooperativas culturales rurales a las mesas donde se decide el futuro del sector. Porque hacer cultura desde una cooperativa, en un pueblo, con vocación de transformación social, no debería ser una excepción heroica. Debería ser, sencillamente, una opción reconocida y apoyada como cualquier otra.
Y si esta agenda cumple su promesa, quizá deje de serlo.

Wazo Coop es una cooperativa cultural sin ánimo de lucro con sede en Valdefuentes (Cáceres), especializada en economía social e industrias creativas para el desarrollo rural. Más información en www.wazo.coop
Wazo Magazine es la revista colaborativa gratuita de Wazo Coop. Se trata de una publicación social que da acceso a personas voluntarias que contribuyen a su realización aportando artículos relacionados con proyectos de industrias creativas e innovación social.





